Venezuela

“A los niños les es más fácil aprender un idioma porque son como esponjitas”

Ésta es una de las frases más comunes que escuchamos cuando pensamos en meter a nuestros hijos a aprender un nuevo idioma pero, ¿es cierto? Existen varios factores que aseguran que esta afirmación es una realidad, éstos son los principales:

                   
      
Mayor libertad de tiempo: los niños tienen más tiempo para dedicar al aprendizaje que un adulto.

No temen ser juzgados: en el proceso de aprendizaje es común cometer errores, debido a su autenticidad, a los niños les resulta más fácil superar su miedo a equivocarse.

Aprenden la pronunciación sin barreras psicológicas: los niños, en su mayoría, repiten las cosas tal cual las escucharon sin la “pena” de escucharse graciosos ni la intriga del “¿qué dirán?” por eso su pronunciación puede llegar a ser como la de un nativo.

Si bien, estas características benefician el proceso, para los niños el aprendizaje no es más fácil ya que su capacidad de comprensión no tiene el mismo nivel de desarrollo que la de un adulto.

Para que los niños puedan recordar algo con exactitud deben repetirlo más de 100 veces, podemos ver reflejado esto cuando quieren ver la misma película una y otra vez, ellos descubren algo nuevo cada vez que la vuelven a ver.

Aunque la mejor manera de aprender inglés no sea memorizando las cosas, es muy importante el proceso de almacenamiento de información ya que la estructura y los mecanismos del lenguaje son fundamentales.

                   

Para lograr una buena familiarización, sin duda es mejor aprender un nuevo idioma a temprana edad ya que al tener una constante convivencia con el mismo, podrán utilizarlo naturalmente y los beneficios obtenidos de la pronunciación se quedarán para siempre.

Por lo tanto, podemos concluir que aunque el aprendizaje no es menos complicado para los niños que para los adultos, la adquisición de este idioma a temprana edad tendrá un gran impacto para el resto de su vida.